
Viorel, un hombre aparentemente normal y con una familia que lo adora, ha de lidiar con sus oscuros pensamientos que sólo él conoce. La realidad de un padre de familia pronto se verá enturbiada para la sordida experiencia del asesinato.
8 DANIEL DE PARTEARROYO 31.08.2012
Un hombre normal y corriente decide convertirse en asesino en serie y va aniquilando a mujeres inocentes por el centro y afueras de Bucarest.
Naturalismo actoral, largos planos secuencia engarzados sin mesura y personajes empequeñecidos por la angustia urbana. Tres unidades gramaticales básicas del prestigioso cine rumano actual que Cristi Puiu ayudó a afianzar con el magnífico debut La muerte del señor Lazarescu (2005). Su segundo largometraje se hizo esperar cinco años (dos más hasta llegar a la cartelera española; es cosecha de Cannes 2010), en los que esa apuesta formal no ha cambiado ni un ápice. Sólo que ahora es él mismo quien protagoniza y acapara casi cada imagen de este seguimiento de la rutinaria rutina de un ciudadano común de Bucarest que, un buen día, decide ir pegando escopetazos impasibles a la gente. No hay que buscar respuestas en esta cacería humana lánguida y aparentemente desmotivada (el asesino tampoco lo hace), sino un retrato de desorientación que se traspasa al juego entre la calma digresiva, que hace las 3 horas de metraje muy palpables, y la tensión a punto de explotar.
VEREDICTO: Como si la secuela de Las horas del día fuera en Bucarest.
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