
El más que célebre detective Sherlock Holmes y su siempre fiel compañero Watson se trasladan a la ciudad de Madrid para resolver una serie de crímenes que parecen relacionados con uno de los asesinos más temidos de la época: Jack el Destripador.
6 CARLOS MARAÑÓN 07.09.2012
El detective Sherlock Holmes y su ayudante el doctor Watson llegan desde el lluvioso Londres hasta Madrid siguiendo el rastro del asesino conocido como Jack el Destripador.
En un ulterior estadio al recuerdo de la niñez y a las películas que marcaron su vida, José Luis Garci ha reinventado la nostalgia cinéfila por lo leído. De ella y de la ilusión por haber podido recibir él mismo a un viajero imaginario surge este acercamiento castizo, de paseante travieso a la figura del mito. Tan libérrimo y a contracorriente como anclado en un cine que hace tiempo que dejó de estar de moda, Garci recrea en su tono añejo favorito, entre esa artificiosidad confortable que sigue siendo su sello (y su mella para ganarse al espectador joven y/o prejuicioso), una aventura en la que, aparte de lo pintoresco (o chocante) de las situaciones y personajes del Madrid de 1890 (tan Neville), hay pequeños triunfos de guión (esa Sra. Hudson invisible, ese futuro en una nota) y una apuesta arriesgada: el Holmes de Garci, casi un filme radiado, en los antípodas de las correrías lisérgicas de Guy Ritchie y la BBC, se permite que no haya acción: parece y sólo parece que nada sucede en una antiaventura que busca los males del presente en un cocido madrileño del s. XIX.
VEREDICTO: Fiel a sus convicciones y a su cinefilia, Garci recrea un Madrid del XIX con aire de Neville.
Leer crítica en Cinemanía