
Tom pide a Violet que se case con él, y ella acepta. Pero encontrar el lugar perfecto para la celebración es difícil, y los problemas surgen cuando a ella le ofrecen un trabajo en la Universidad de Michigan. La boda debe esperar. Va pasando el tiempo, y la hermana de Violet se casa y tiene dos hijos, pero Tom y Violet siguen sin casarse. Al parecer, la vida es más sencilla para los demás.
7 NANDO SALVÁ 07.09.2012
¿Qué ocurre después del final feliz, cuando ya una pareja pero ya está comprometida y la boda no llega?
Las comedias románticas suelen terminar justo cuando lo realmente interesante –el drama del amor, la vida real– empieza. No se preguntan qué les sucede a dos personas hechas la una para la otra una vez que se han encontrado. Eternamente comprometidos en cambio, construye sobre esa cuestión su premisa. Mientras se pregunta cómo reconcilian dos personas sus ambiciones profesionales con las demandas del amor mutuo, Nicholas Stoller y Jason Segel –director uno, actor el otro, guionistas los dos– ofrecen reflexiones insólitamente adultas. Reconocen que hacer sacrificios por otra persona puede ser un acto de egoísmo, y que, pese a que hacer mimos es genial, también hay que tomar decisiones a veces ingratas sobre dónde y cómo vivir.
El método de Stoller, en todo caso, tiene lógica. Hace transitar el tono del relato desde una comedia que raramente sacrifica la inteligencia y el realismo en pos de la risa fácil hacia un drama conyugal en el que los chistes funcionan a modo de respiro, porque así funciona una pareja: las expectativas iniciales se van convirtiendo en un conocimiento más maduro y resignado de que las relaciones son difíciles e imperfectas. Es un arco narrativo eficaz aunque, a medida que avanza, la película resulta cada vez menos amable. Es entonces cuando más difícil le resulta integrar la comedia en el drama, y los gags se muestran metidos con calzador para evitar un dramatismo excesivo.
El único problema real de Eternamente comprometidos es su rematadamente conservadora ideología. Todas las producciones de Apatow tienden a ser avasalladoras celebraciones de los valores familiares tradicionales, en las que los chistes de penes son usados para enmascarar lo pacato que es todo. Ésta en concreto defiende el matrimonio como la única forma legítima de amar: pese a que sus protagonistas viven juntos durante varios años, nada de eso vale mientras no sea oficial. Pese a ello ésta es la primera comedia romántica en mucho tiempo creíble y atractiva, y cuyos protagonistas no son idiotas.
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